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"San Juan de Dios: La Misericordia lo puede todo"

Orden | Febrero 2016

Con esta frase, enmarcada en el Año de la Misericordia que celebra la Iglesia Católica en el mundo, nuestro Superior General, Hno. Jesús Etayo OH, dedica unas líneas a toda la Familia Hospitalaria, en conmemoración a la Solemnidad de San Juan de Dios

A todos los Hermanos y Colaboradores, mienbros de la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios;

El día ocho de marzo celebramos la solemnidad de San Juan de Dios, nuestro patrono y fundador. Con tal ocasión os envío mi felicitación y mis deseos de que vivamos este día con mucha alegría. Este año estamos celebrando el Año Santo Jubilar de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco. Creo que es una buena ocasión para fijarnos en Juan de Dios y reflexionar, aunque muy brevemente, acerca de la experiencia de la misericordia de Dios que él vivió, y que ha de ser para nosotros fuente de inspiración.

Quisiera comenzar haciendo referencia al sermón de San Juan de Ávila aquel 20 de enero en Granada, durante la fiesta de San Sebastián y San Fabián. Siempre me ha llamado la atención. ¿Qué palabras y cómo las diría el Maestro Ávila que transformarón por completo a Juan Ciudad?. Eh aquí el inicio del sermón, comentando las bienaventuranzas del capítulo 6 de san Lucas: “Si el Señor no bajara del monte a la llanura ¿qué sería de nosotros?. En nuestras enfermedades nos quedaríamos. Si el Señor no se quitara la vestidura de su grandeza, disimulándola, y se ciñera con la toalla de nuestra humanidad, por lavar se quedarían los hombres, llenos de sus miserias y suciedades...” (Sala Balust, L. Obras completas. Sermón 74)

Aquellas palabras hicieron enloquecer a Juan de Dios, que terminaría en el hospital considerado como un “loco”, un loco de amor, como sabemos. Aquellas palabras, eran la Palabra de Dios, entrando como un cuchillo afilado, hasta el fondo del corazón de aquel librero que fue a escuchar a un afamado Predicador, y se encontró con Dios, que allí lo esperaba. Las reacciones fueron excéntricas, pero con la ayuda del Ávila, encontró la paz y descubrió lo mucho que Dios le amaba, por encima de sus pobrezas y miserias.

En aquel sermón y en los hechos que sucedieron después, nuestro fundador descubrió y vivió el núcleo central de la experiencia de Dios y de la vida cristiana: la misericordia de Dios, que todo lo llena, todo lo sana y todo lo, y es que la misericordia es la característica que mejor expresa la grandeza de Dios.

Produjo la conversión y el cambio en quien buscaba servir al Señor desde hacía tiempo, pero no había encontrado todavía el camino. Ahora si, el mismo Dios se lo había mostrado. La misericordia lo puedo todo.

Conocemos la dinámica del amor de Dios, de la misericordia, de la hospitalidad. Nace de Dios y cuando se la conoce, se busca y se quiere más, porque da plenitud. Pero pasa por encarnarse en los demás, que son nuestros hermanos. Así sucedió con San Juan de Dios: su encuentro con el Dios de la misericordia lo transformó y no pudo ya sino entregarse por completo a los enfermos, pobres y necesitados para mostrarles el amor misericordioso de Dios, que había recibido. Toda esta experiencia la vivió y la manifestó a través de la hospitalidad evangélica, una de las expresiones que mejor encarnan la misericordia de Dios: el carisma que el Espíritu Santo le regaló y del que nosotros somos sus depositarios.

En su vida posterior, Juan de Dios creció y vivió con gran profundidad esta experiencia que comenzó escuchando al Ávila. Allí Dios lo rompió y lo atrajo. A partir de ahí respondió y cambio su vida. Tenemos muchos ejemplos, palabras y hechos que así nos lo muestran. Recuerdo uno de sus escritos más conocidos sobre la misericorida de Dios. “Si considerásemos lo grande que es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el bien mientras pudiésemos; pues al dar nosotros, por su amor, a los pobres, lo que de Él mismo hemos recibido, nos promete el ciento por uno en la bienaventuranza. ¡Oh estupendo lucro y ganancia! ¿Quién no querrá dar lo que tiene a este bendito mercader?. No hay para nosotros trato tan ventajoso. Por eso nos ruega, con los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados, y que hagamos caridad primero a nuestras almas y después a los prójimos, porque como el agua apaga el fuego, así la caridad borra el pecado”. (1Duquesa de Sesa 13)

Es sencillamente genial, propio solo de quien escuchó la llamada de Dios, e inmediatamente se puso en marcha, superando cualquier obstáculo y adversidad, practicando con los pobres y frágiles la misericordia hecha hospitalidad que él conoció y gozó. Nos enseña que la misericordia hecha hospitalidad y caridad, todo lo puede, incluso con el pecado, al igual que el agua apaga el fuego.

En este Año Jubilar de la Misericordia, la experiencia de nuestro fundador, es también un modelo de misericordia para toda nuestra Familia Hospitalaria. Os invito a releer su vida y sus cartas en esta clave, de modo que nos ayude a todos a crecer en la experiencia del amor misericordioso de Dios y en el compromiso de ser misericordiosos con nuestros hermanos más vulnerables, de practicar la hospitalidad con quienes llaman a la puerta de nuestra casa y de nuestro corazón.

Como hizo San Juan de Dios, en este Año Jubilar de la Misericordia, todos a nivel personal, comunitario e institucional, Provincias y Casas, somos invitados a promover gestos de misericordia y hospitalidad con las personas necesitadas cercanas a nosotros, con rostros concretos, que conocemos bien. Por desgracia existen muchas necesidades, entre ellas destacan los refugiados y los excluidos que buscan paz y una casa para vivir. Como haría nuestro fundador, aunque sea de forma sencilla, abrámosles la puerta del corazón, seamos misericordiosos y practiquemos con ellos la hospitalidad.

Como siempre en estas fechas informo a toda la Orden del resultado de la campaña del año 2015 para apoyar a nuestros centros en Sierra Leona y Liberia que sufrieron la epidemia del ébola, la cual fue continuación de la iniciada a mitad de 2014 para la misma causa. El total recibido desde 2014 ha sido de 3.096.102,48 de euros, fruto de la generosidad y solidaridad de toda la Orden y de otras instituciones que nos han ayudado, por lo que una vez más a todos doy mi más sincero agradecimiento.

Al mismo tiempo os informo que la campaña del presente año 2016 será para construir un centro de formación en Madang (Papúa Nueva Guinea). De nuevo os agradezco vuestra generosidad y os pido que apoyemos esta causa, con el fin de fortalecer la presencia de nuestra Orden en este país.

Feliz fiesta de San Juan de Dios para toda la Familia Hospitalaria. Que su vida y su experiencia de la misericordia de Dios, siga siendo fuente de inspiración para todos nosotros, de modo que podamos seguir mostrando con la palabra y sobre todo con nuestro testimonio de vida que ¡La Misericordia lo puede todo!.

Unidos en el Señor y en San Juan de Dios, recibid un abrazo fraterno.

Hno. Jesús Etayo OH.
Superior General.