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Venerable Francisco Camacho – El Limosnero de Lima

Perú | Diciembre 2016

Cada 23 de Diciembre recordamos su imborrable legado y huellas de la Hospitalidad y Santidad en el Perú, en su acogida a los enfermos; durante los tiempos en que vivieron Santos como Rosa de Lima, Martín de Porres y Juan Macías.

Venerable Francisco Camacho – El Limosnero de Lima

En palabras del Hno. Manuel Marco OH, se describe perfectamente el legado que nos dejó para siempre el Limosnero de Lima:

Un hombre que, nacido en Jerez de la Frontera, por misteriosos designios de la vida –soñador de aventuras- cruzó los océanos y arribó a Cartagena de Indias, donde una enfermedad sin trascendencia lo puso en relación directa con los Hermanos de San Juan de Dios, que le prodigaron la atención precisa en su hospital.

Un hombre que, superado de su postración, recorrió las provincias del Virreynato del Perú, hasta llega a Lima: la “muy notable, muy insigne y muy leal ciudad de los Reyes”

Un hombre que, en el “Baratillo” experimentó las caricias de la gracias, escuchó la voz de Dios, la “llamada” del buen Padre que le llegó a través de la persuasiva predicación del misionero Jesuita P. Francisco del Castillo, en el templo limeño de San Pedro.

Un hombre que, pasando por el crisol de ser tratado como “loco” en el hospital de San Andrés, atendido espiritualmente por el P. Castillo e intentando ser fiel a la “llamada”, cuando recién había cumplido 33 años, pidió ser admitido como novicio de la Orden de San Juan de Dios.

Un hombre que, en adelante, en virtud de su voto de “Hospitalidad”, entregó su vida al servicio de los enfermos, de los pobres, de los necesitados de la ciudad de Lima; cuyas calles y plazas fueron el escenario de su amor al prójimo y de su lucha por la justicia social, como anteriormente lo habían sido de sus libertades por las tabernas y casas llenas: logrando borrar su pasado mal ejemplo con su santidad de vida.

Un hombre que no nació santo. Que se hizo santo; pues los santos no nacen; los santos se hacen.

Un hombre que, como Hermano de San Juan de Dios por espacio de 34 años, extendió sus manos a los ricos en favor de los enfermos de su hospital. Asistió y curó a los mismos enfermos sin descanso, sacando fuerzas para ello de sus frecuentes encuentros con Cristo en la oración y en la meditación asidua del evangelio.

Un hombre que, como Rosa de Sra. María, Martín de Porres, Juan Macías, en su misma época y en su mismo ambiente socio-político-cultural y religioso, viviendo fielmente sus compromisos bautismales y las exigencias evangélicas, trabajó por la promoción integral de los demás, luchó por la liberación de los marginados, fue puente entre las distintas clases sociales y raciales – en y desde su hospital- llegando a ser un pionero de la verdadera liberación, no con literatura barata, ni con bravata palabrería, sino con la sana y convincente filosofía de una vida entregada al servicio de los hermanos faltos de pan, de medicinas, de asistencia, de compresión, de amor….como buen hijo y seguidor de San Juan de Dios, “ángel de los enfermos” éste y “enfermero de Dios”.



Datos Históricos

- El Venerable Francisco Camacho nació en Jerez de la Frontera – España, el 03 de Octubre de 1829 y falleció a los 69 años en Lima – Perú, el 23 de Diciembre de 1698.

- Fue reconocida la heroicidad de sus virtudes el día 1 de enero de 1881 por el Papa León XIII, declarándose Venerable.

La Provincia Sudamericana Septentrional de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios recuerda a nuestro Hermano “El Limosnero de Lima” cada año, debido a su entrega y amor con que recorrió las calles de Lima y el Perú, ayudando a los más necesitados; representando así, uno de nuestros más grandes e insignes bienhechores y una de las figuras más sobresalientes de la historia de la Iglesia Latinoamericana.

Pedimos en oración al señor que, con la intercesión del Venerable, nos conceda favores y gracias, y un milagro que pueda contribuir a manifestarnos la gloria de Dios y que el hermano pueda seguir su camino en el que sea reconocida su santidad, mediante su beatificación y canonización.