Novedades

 

San Benito Menni: enraizado en la experiencia de Dios a través de la fe, esperanza y caridad

Orden | Abril 2014

A través de la siguiente reflexión, el Hno. Pascual Piles nos invita a que en el Año del Centenario de la Muerte de San Benito Menni, nos sintamos identificados con el Santo como proyecto de nuestra existencia como hospitalidad

San Benito Menni: enraizado en la experiencia de Dios a través de la fe, esperanza y caridad

INTRODUCCIÓN

Agradezco la oportunidad que este año 2014, en el que se celebra el primer Centenario de la muerte de San Benito Menni, nos ofrece a las dos Instituciones, Congregación y Orden para adentrarnos en el ser de nuestro santo, Fundador de la Congregación conjuntamente con Sor María Josefa Recio y con Sor Maria Angustias Jiménez.

Estas reflexiones tienen el objetivo de que a lo largo del año y en el futuro nos ayuden a realizar retiros, como personas individuales, como comunidades, como grupos de la Provincia, reflexión y oración que podemos realizar miembros de las dos instituciones.

Lo importante es que el tiempo que dediquemos a ello sea posibilidad de encuentro con Dios. En la vivencia de nuestra fe hay muchas posibilidades de facilitar este encuentro, en la oración personal y comunitaria, en la celebración de la Eucaristía, en la participación en otros sacramentos, pero también por lo que supone el sentido de nuestra vida desde la fe, la luz que nos viene del testimonio de Jesús de Nazaret, desde la Iglesia, desde nuestra vida cotidiana, desde el encuentro con las personas sanas o enfermas, con la impronta personal que tiene saber acercarse a los que sufren con misericordia, con amor, con ternura, con sensibilidad, con una verdadera hospitalidad que hemos recibido como don de Dios, a través de la vida de nuestros fundadores.

Estos momentos, estas reflexiones deben de llevarnos a ponernos en la presencia del Señor una vez más con el deseo de identificarnos con El, de experimentar en nosotros la transformación de nuestro ser, el cambio que anhelamos, de llevarnos a una verdadera revisión de nuestra vida que nos lleve a encarnar el espíritu que tuvieron nuestros fundadores y, especialmente, San Benito Menni.

Estamos en un mundo diverso del que vivieron San Benito Menni, María Josefa y María Angustias. Tenían ellos una situación política nada favorable. Pero habiendo sido San Benito Menni elegido como instrumento, superaron dificultades, se dedicaron a la causa de lo que intuían les pedía el Señor.

San Benito siguiendo la intuición del P. General de la Orden, el Hno. Juan María Alfieri, acogiendo las recomendaciones del Papa Beato Pio IX al enviarlo a España para la restauración y las fundadoras superando dificultades y siendo audaces para seguir junto a San Benito el crear un nuevo proyecto de hospitalidad para la humanidad.

Vivimos también nosotros un contexto, que ofrece muchas posibilidades, pero que exige tener una buena capacidad de discernimiento para valorar lo que nos pide la Iglesia hoy, tratando de abrir la hospitalidad recibida como carisma a las nuevas generaciones, de hermanos y hermanas, a los colaboradores, profesionales, voluntarios, personas que sufren y sus familias, creando con todos ellos la Familia de la Hospitalidad.

Todo ello nos debe hacer mirar al mundo con esperanza, mirar a la Iglesia y a nuestras instituciones con gran esperanza, sabiendo que Dios nos acompaña y apoya cada día y que su presencia llegará al corazón de todas las personas, especialmente las que se encuentran con mayor necesidad.

La acción de Dios en la vida de las personas es imprevisible. Ejemplos tenemos en la Palabra de Dios en los que la Llamada llega al corazón de las personas sin mayor preparación previa. Este no es lo normal. Lo normal es que haya existido pasos progresivos que comienzan normalmente en la infancia, que crecen posteriormente y que se cimentan en llamadas fuertes del Señor para misiones concretas.

Este es el caso de San Benito Menni. Nacido de una familia creyente, hace que tenga un crecimiento normal, infancia, estudios secundarios, trabajo, etc. que desde su comportamiento fuera creciendo en la experiencia cristiana. Le encontramos en la juventud trabajando como administrativo en un banco.

Lleno de sentimientos positivos, por las posibilidades holgadas que le podía permitir dicho empleo, goza de los aspectos ordinarios de la vida, pero también experimenta la realidad de las circunstancias políticas del entorno social en el que vive, se encuentra a su país en guerra con el limítrofe, y la acción de Dios o la curiosidad le lleva a querer conocer y a poder ayudar anteel hecho de la llegada de los heridos de guerra que desde lugares fronterizos trasladaban a Milán para su asistencia víctimas del enfrentamiento en la batalla de Magenta.

Ver un día la llegada del tren, la bajada de los heridos y encontrarse en los andenes, entre las diversas personas venidas a acogerlos, a un grupo de Hermanos de San Juan de Dios, acogiéndolos con delicadeza, trasladándoles a las camillas, de allí a las ambulancias y con ellas llevarles al hospital para atenderles de inmediato, provocó en él un sentimiento fuerte, una experiencia que removió el deseo de darse a los demás acompañando a dichos Hermanos al hospital, poniéndose desde su buena voluntad manos a la obra. Después de su acción a favor de los heridos vino la reflexión sobre lo hecho y visto, sobre el testimonio que vio en los Hermanos y lo efímero de la vida por circunstancias tan adversas como la guerra que ponía en peligro la vida de personas jóvenes o que podían dejarlas marcadas ya con una limitación para siempre.

En este panorama Angel Hércules como sabemos se llamaba por el bautismo San Benito Menni, tuvo un toque de la gracia. Las llamadas de Dios son imprevisibles. El camino de fe realizado en la familia y en la preparación educativa para la vida, fueron los dos enclaves que en el misterio, como nos pasa a todos, le llevaron a no dejar de dar vueltas en su cabeza, motivado por una fuerza interior y, como en el caso de la parábola del Samaritano, la invitación del Señor: “Ahora vas tú y haces lo mismo” (Lc 10, 37).

Para Ángel Hércules estas palabras resonaron en su interior, fueron un ir y venir. Darle vueltas, se le apaciguaron en momentos pero no se le fueron, antes se hicieron consistentes, clarificadores y finalmente la decisión de irse a donde vivían los Hermanos, solicitar el poder hablar con el P. Provincial y de ahí, dispuesto que se encontraba ya él, dar el paso verdadero. Hablar, relatar la experiencia que había tenido al ver a los Hermanos, sentirse movido por una fuerza interior, valorar el futuro proyecto de su vida como un sueño de entrega y donación a los demás como lo hacían estos jóvenes que encontró como Hermanos en la estación a la llegada de los heridos.

Todo estaba preparado para dar el sí y muy pronto. Su vida fue ya una continua experiencia de Dios, en circunstancias distintas pero siempre experiencia de Dios. Su personalidad se siente con fuerza para seguir adelante. El joven piensa en el futuro con generosidad, con firmeza y la vida va a demostrar de lo que va a ser capaz.

En ocasiones Dios ha llamado a personas que estaban muy alejadas de El. Quienes conocen al interesado no se lo explican, una persona viviendo tan distraída, cómo puede en un tristras dar un vuelco tan fuerte.

No es este el caso. Angel Hércules ser persona con un camino profundo en lo espiritual, sí que tiene una vida cristiana que se ha ido forjando paulatinamente.

¿Se habría planteado antes el poder consagrarse a Dios totalmente?

El 19 de abril de 1860 se presenta en el hospital de Santa María de Araceli y solicita poder hacerse Hermano de San Juan de Dios. El Provincial se dio inmediatamente cuenta que tenía delante un futuro y gran Hermano de San Juan de Dios. El 13 de mayo del mismo 1860 entra en el Noviciado, cambiando el nombre de Angel Hércules por Benito, el 15 de mayo del año siguiente hace su primera profesión. La profesión solemne la hace el 17 de mayo de 1864, en la que se consagra de por vida al servicio de las personas que sufren.

Sus primeros años fueron muy dedicados a la hospitalidad, se sentía en su ambiente, satisfecho de poder hacer directamente el bien a los demás. Se preparó para realizar esta tarea encomendada, pero muy pronto pasa a Roma para realizar los estudios de teología. Terminados los estudios y habiendo realizado previamente todas las consagraciones anteriores se ordenó sacerdote el día 14 de octubre de 1866 y celebra su primera Eucaristía el día 15 del mismo mes año en la Iglesia del Hospital de San Juan de Calibita, en la Isla Tiberina, donde se encuentra la sede de la Curia General.

Desde el principio los responsables vieron en él muchas cualidades para ser buen enfermero, hábil en sus responsabilidades, mucho deseo de hacer crecer el Reino de Dios entre los que le rodeaban, personalidad fuerte pero con una actitud de respeto y aceptación de los criterios de los Superiores, humilde, con gran dedicación al desarrollo del carisma y ya puesto en sus responsabilidades, muy deseoso de promover una Vida Religiosa basada en la fidelidad. De aquí el que el P. Juan María Alfieri, como Superior General, confió mucho en él para llevar la ingente tarea de restauración de la Orden a la que se sumó la de la Fundación de las Hermanas.

A todo ello dedicó su vida. En las Instituciones, y sobre todo las Hospitalarias, uno cuando entra, piensa en tareas más de servicio directo, a la que todos dedicamos los primeros años. Años gozosos, que todos hemos recordado por momentos al hablar en nuestros diálogos, pero cuando le van viendo a uno cualidades y habilidades, muy desde el inicio le van llevando a iniciar estudios y a asumir responsabilidades, que poco a poco le pueden fraguar en el ser de una gran personalidad dentro de la Institución.

Este es el caso de San Benito Menni, que habiendo sido motivado por un encuentro con los enfermos y la asistencia que pudiera realizar, en muy diversas circunstancias, desde la enfermería pasa a la teología, desde la teología le ven como posible sacerdote en una Orden de Hermanos, desde el conocimiento de su personalidad le invitan a ser el Restaurador de la Orden en España, Portugal, América y Filipinas. Siguiendo más adelante por la solicitud de las candidatas y por la necesidad de encontrar religiosas que se dedicasen a las enfermas mentales se ve implicado en la fundación de la Congregación de las Hermanas del Sagrado Corazón. Implicación que, es más un fluir de cosas concatenadas que, para el Hno. Benito, son Palabra divina y que le van llevando adelante en lo que sería la tarea de la ardua misión de ser Fundador sin poner por su parte ninguna resistencia.

El 16 de enero 1867 el Hno. Benito Menni fue a Milán donde se detuvo unos días, de allí pasó a Francia para estudiar algo de español con un hermano español que residía en dicha provincia. El 6 de abril llegaba el Hno. Benito Menni a Barcelona para emprender la Restauración de la Orden.

Todo esto para él es experiencia de Dios, como lo serán distintos elementos que aparecerán. Los habrá muchos que estarán llenos de satisfacción y dentro de lo que supone la plenitud de Dios, también los habrá otros que serán encarnación de misterio pascual. Pero todos, experiencia.

También en nosotros ha ocurrido y seguirá ocurriendo dicha realidad, sin poder pensar en hacer de nuestra vida, una realidad diferente. Somos cada uno los que tenemos que hacer de nuestra realidad, experiencia de Dios, en lo bueno y en lo menos bueno.

Hacer brotar una Institución de la nada y con situaciones adversas cuesta, Benito Menni, sabe bien a qué se le ha destinado, está muy convencido que su misión solamente se podrá llevar adelante en la medida que esté de acuerdo con la voluntad de Dios, con mucho tiempo dedicado a la oración, al discernimiento y con la confianza en sí mismo y en los demás de que las cosas cuestan pero en la medida que le ponemos atención van saliendo. 

MOMENTOS QUE SON CLARAMENTE EXPRESIÓN DE UNA PERSONA

Que San Benito Menni es una gran persona de fe es claro. El sentido de la vocación, la llamada a eliminar el sufrimiento de las personas, el acoger el gran misterio de ser la persona escogida para ser quien hace brotar los brotes verdes en España, primero como restaurador de los Hermanos, en un país anticlerical, en una situación política que lo dificulta, prácticamente sin medios económicos a pesar de que cuenta con bienhechores sólidos.

Solamente con una gran confianza en Dios se puede realizar esto. Pero la confianza en Dios, por encima de todo, tiene que estar sostenida por la confianza en las personas que se van uniendo a su proyecto y que van a ser agentes cuotidianos del mismo.

Suscitar nuevas vocaciones no es fácil. El grupo de los hermanos tarda en crecer. El pequeño asilo de Barcelona tiene que fomentarse desde la espiritualidad que le había insinuado Pio IX cuando le envió a restaurar la Orden en su propia cuna.

Lo mismo podemos confirmar para el crecimiento del número de Hermanas. Benito Menni comienza a actuar como confesor en la Basílica de Granada. Conoce a dos mujeres que pueden ser el inicio de una Congregación de Hermanas dedicadas a asistir a las enfermas mentales. En el contacto con ellas, en las conversaciones profundas que va teniendo, dicho proyecto coge consistencia. Las dos candidatas estaban llamadas a formar con el P. Benito una Congregación nueva, con una espiritualidad propia, para dedicarse a las enfermas mentales y salir al paso de las dificultades que existían en su cuidado y tratamiento.

La estancia del P. Menni en Granada nunca fue permanente. El que los contactos fueran esporádicos dificultaba el avance de la creación de las líneas del proyecto de la nueva Congregación, el que, una de las dos, fuera casada era un aspecto que no veían cómo solucionarse. Se le daba vueltas a la posibilidad o no, pero nunca desistieron por la fuerza que les daba la llamada del Señor a solucionar toda dificultad.

De hecho en una de sus cartas el P. Benito Menni, manifiesta la profundidad de la vida espiritual del marido de Mª Josefa y le escribe en el momento de la muerte del marido para animarla a ella. Al mismo tiempo le pone en evidencia el que Dios “ha dispuesto así las cosas para posibilitarle a ella que pueda iniciar ahora una vida de consagrada”. Le pide además que solidifique el proyecto, que no tenga prisa. Que en uno de los viajes que realizará de inmediato el P. Menni a Granada tomarán en consideración dicho tema.

Todo fue avanzando y de hecho ya llegaron las Hermanas a Ciempozuelos. Empezaron a vivir como grupo, organizaron poco a poco la comunidad con el grupo de mujeres que sintiendo la misma llamada y confiando en la experiencia de Dios que ellas mismas tenían y en la figura del Padre que les invitaba a seguir adelante, iniciaron la comunidad.

Las dos siguientes candidatas eran conocidas suyas, del mismo Granada que al conocer la marcha de las dos primeras, promovieron el adherirse. Otras sucesivas llegaron de Madrid, de Burgos, de Navarra, de Toledo.
Cuando fueron 10 el P. Menni fue a hablar decididamente con el arzobispo de Toledo a cuya diócesis pertenecía Ciempozuelos para solicitarle el permiso para iniciar una nueva congregación.

La Congregación estaba iniciada, tenían vía libre del Prelado correspondiente. Todo está en ciernes pero la acción del Señor era evidente para llevar adelante dicho sueño, sostenido por la fe y la confianza en Dios de todos los que lo constituían y que les daba la capacidad de superar todas las dificultades que pudieran aparecer. Dentro de estos inicios, que se pueden llamar, reconociendo las dificultades, gloriosos, se daba la panorámica de una posibleCongregación nueva, bajo una forma de interpretar la hospitalidad, guiada por la experiencia de nuestro gran hospitalario San Benito Menni, sostenida y vivida por la ilusión del grupo de las nuevas hospitalarias, con capacidad de superar las dificultades y entre las cuales dos de ellas la ya Sor María Josefa y Sor María Angustias eran las dos primeras fuerzas en las que se había fundamentado el P. Fundador y que se iba a sostener por la riqueza de cada una de las Hermanas de la primera comunidad, que había crecido en número, como hemos apuntado.

Pero la prueba acompaña siempre a las instituciones en sus proyectos y trayectos. No vamos a pararnos en detalles no es este el momento, pero la Congregación iniciada tuvo que perder a su primera Madre General Sor Josefa Recio por los golpes recibido de una enferma en una acción agresiva inesperada y que hizo que brotara una peritonitis de la que fue víctima llegando su muerte el día 30 de octubre de 1883. Otra prueba, muy distinta pero no menor, vino de la acusación al P. Menni de violación de una enferma, Francisca Fernández Semillan, promovida públicamente por los periódicos “El Botín” y “El País”, de la que salió reforzado por la condenación en juzgado de los acusadores. Pese a lo difícil San Benito Menni dicen los testimonios permaneció tranquilo y sereno, seguro de su inocencia, no respondiendo a las cartas acusadoras.

La figura de San Benito Menni tiene también su humanidad. La suya y la de cada uno de nosotros es inherente a nuestro ser de personas. Lo cual no quiere decir que no nos sintamos llamados a un proyecto de santidad.

A San Benito Menni la vida le ha ido llevando a ser un gigante de la santidad. Sostenida por una gran fe que ha ido creciendo, que se ha fortalecido en las experiencias buenas de la vida, que ha ido también tomando cuerpo en las experiencias recias y difíciles que ha tenido. Su santidad ha estado basada en la fortaleza de su personalidad, sobre todo, en dejarse llevar por la fe y la confianza por todo lo que Dios tenía previsto para él desde toda la eternidad. Fue fiel a la voluntad de Dios sobre su vida. Sufrió pero desde la fuerza que Dios le daba nunca desistió.

Vivo a San Benito como persona de gran esperanza, de ilusión, de discreción, de afrontar las situaciones difíciles y esto me lleva a pensarlo lleno de esperanza. Es capaz de buscar confiando.

A veces nos encontramos a personas de vuelta de todo. Todo lo tienen experimentado, todo lo tienen vivido, saben por donde tienen que caminar, todo está definido. En sus vidas se da una especie de escepticismo que parece les impide vivir ilusionados con hechos y nuevas posibilidades. Algunos han iniciado ilusionados pero la vida les ha ido hacerse desvanecer aspectos en los que esperaban y lo justifican con razones.

Otros a pesar de que hayan tenido sus dificultades, tienen una visión más positiva. Puede ser que el carácter les haya ayudado a eso. Es cierto. Pero también lo es que partiendo de lo que somos nosotros nos vamos construyendo y la esperanza en el futuro nos va abriendo puertas, nos va tendiendo puentes.

San Benito Menni fue una persona de estas últimas. Mi concepto de su persona no me lleva a verlo chistoso, alegrote en sus relaciones con los demás, gracioso. Puede ser que me equivoque, pero así me lo parece.

Lo veo persona centrada, que sabe darle la vuelta a las cosas, que afronta una Restauración con las fatigas que supone, que promueve la Fundación de la Congregación con esperanza, con confianza. Que trata de superar las dificultades que se puedan encontrar: falta de recursos económicos, falta de personas en los inicios, difíciles relaciones entre las personas que forman los grupos. 

Mira siempre adelante con esperanza, no desiste, más bien insiste a tiempo y destiempo como dice San Pablo (2 Tim, 4, 2). Lo hace con normalidad, lo hace con esperanza.

A mi parecer la esperanza brota del fiarse de Dios. De este Dios que es misterio. En el pasado se nos ha presentado a Dios como el Omnipotente, quien puede todo, quien hace grandes cosas, maravillosas, milagros. Mucha gente ha tenido y tiene ese concepto.

Hoy nuestra cultura más racional, nuestra teología presenta a nuestro Dios más discreto, más humilde, más silencioso, menos operante en cierto tipo de realidades, lo cual no quiere decir que no esté, que no nos acompañe en cada circunstancia, que no nos ilumine, que no nos sostenga, que no nos abra cada día desde nuestra realidad a la esperanza. Así le vivo yo a San Benito Menni.

Basado en su relación con Dios a través de la oración, basado en su experiencia sacramental del encuentro con los que sufren, de ser el líder de las comunidades que constituye, de Hermanas, de Hermanos, de las Comunidades terapéuticas que establece en los distintos Centros y que van a ser los actores de la hospitalidad de cada día.

Son muchas las devociones que centran la vivencia de su fe. La centralidad para él de lo que supone el seguimiento de Cristo.

La presencia de Maria como madre la vive en cada situación desde la advocación de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Muchas son las ocasiones en las que acude a ella y se alegra, lo dice en sus Cartas, cada vez que ve que ciertas fundaciones, o ciertos servicios de ellas, se ponen bajo la advocación de la Virgen. Somos testigo de que la invocaba como madre y que muchas veces hacia coloquios personales con ella.

La tiene también a San José. Le valora como el varón justo, de ahí el que ponga a la Hermanas que se preparan a la profesión perpetua en un periodo en el que las denomina “Josefinas”, convencido de que les va a ayudar a vivir bien su vocación. (Carta de Viterbo, 10 julio 1910”. Lo llama “santo viejecito, su patrono y protector”

La tiene a San Juan de Dios. El quiso ser un fiel seguidor de San Juan de Dios, al restaurar la Orden y al ser portador del carisma de la Hospitalidad que recibió a través de su figura y que promovió en la Orden y que hizo que vivido de otra manera fuera también el carisma de la hospitalidad, de la Congregación de las Hermanas en su nueva fundación y a la que trató de iluminar siempre con su experiencia.

De hecho el P. Félix Lizaso al poner en las manos de la Orden el Epistolario de San Benito Menni a la Orden Hospitalaria lo definió “Perfil juandediano del Beato Benito Menni”. Granada 1985. 

La hospitalidad es el valor troncal, el carisma de nuestro ser de hospitalarios. Así lo hemos definido y sentido siempre. Es el don que hemos recibido de los fundadores, como elemento básico, expresado en la misericordia y en la hospitalidad, querida por Dios en su relación con las personas y concretada a través de muchas páginas de los Evangelios en los que se relatan parábolas y hechos de vida basados en la hospitalidad.

En su pensamiento aparecen las siguientes citas bíblicas: Jn, 10, 21-37, Parábola del Samaritano, Mt, 25, 31-46, Parábola del Juicio Final, Lc, 15, 11-32, Parábola del Hijo Pródigo, Jn, 18.1-19.42, Pasión y Muerte de Jesucristo1Cor, 13, 1-13, Himno de la Caridad.

La figura central de la espiritualidad de San Benito, en el seguimiento de Cristo está tomada del Corazón de Jesús, un corazón sensible, que ama, de forma universal, que está llamado a darse a los demás y que lo encarna en actitudes de misericordia y de amor.

San Benito Menni habiendo tenido una llamada inicial a realizar una hospitalidad directa con quien sufre, en la que se da y se recibe, tiene una segunda llamada llena de gran responsabilidad. Su hospitalidad va a ser promover la experiencia del Dios que salva, ser misericordioso, pero como líder va a tener la gran responsabilidad de ponerla en manos de sus compañeros en la Orden y de sus hermanas en la Congregación. 

Dice el refrán “nadie puede dar lo que no tiene”. En la transmisión del carisma acontece precisamente esto. Benito Menni tiene una experiencia del amor que Dios le tiene y contraculturalmente lo va a comunicar, por contagio, como algo que sale de dentro, espontáneamente, a quienes le siguen. También tiene que cuidar la comunicación de los conceptos y de los criterios de vida. Ha experimentado el amor del corazón de Cristo que ha entregado su vida por todos. Se siente llamado a hacer lo mismo. Lo va a hacer desde el sentimiento de verse en la responsabilidad de dar consistencia a las dos Instituciones con jóvenes varones y hembras, que en él van a encontrar el guía encarnado que les invita con su palabra y su vida. “Palabra y gesto” es el libro que la Congregación publicó en el año del Centenario de la Fundación.

Ayer mismo, 21 de julio de 2013, el Papa Francisco, en las palabras del Ángelus, invitaba a la Iglesia toda a saber conjugar la oración con la praxis. No puede darse experiencia de Dios sin ambas cosas.

Afirmaba el Papa: “Una oración que no lleve a la acción concreta hacia el hermano pobre, enfermo, necesitado de ayuda, en dificultad, es una oración estéril o incompleta. Y también nuestro trabajo con el hermano necesitado, nuestro trabajo de caridad y de obras de misericordia nos lleva al Señor, porque nosotros miramos precisamente al Señor en el hermano y la hermana necesitado”

De hecho en la expresión del amor universal está toda la aportación del misterio pascual, de la cruz de Cristo, que nos lleva a identificarnos con El y asumir la posibilidad sanadora que tiene. 


CONCLUSIÓN

Toda esta reflexión nos debe inducir a Hermanas y Hermanos a sentirnos identificados con San Benito Menni como proyecto de nuestra existencia como hospitalidad.

Hemos de ser como él personas que abren la puerta de la hospitalidad al futuro, independientemente de que tengamos que cambiar formas y, entre ellas, la apertura al laicado como agentes de la hospitalidad de nuestras Instituciones.

Que miremos siempre al futuro con esperanza.


PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

1. Desde las coordenadas presentadas, ¿nos sentimos nosotros realizando una hospitalidad actualizada desde el espíritu de nuestros fundadores?

2. ¿Cómo promover la motivación de cada una de nuestras Hermanas o Hermanos que debe no solo mantenerse sino crecer en el tiempo?

3. ¿Qué aspectos tenemos que reforzar para que en el contexto actual seamos signo de una Iglesia abierta desde la hospitalidad?

4. ¿Cómo podemos seguir promoviendo la experiencia de fe, esperanza y amor en la realización de nuestra vida?

5. Estamos abiertos a la voluntad de Dios sobre nuestras vidas pero ¿cómo podemos crear en las Instituciones un estilo de hospitalidad, compartido por igual con los colabores laicos, según las responsabilidades que cada uno tenemos?


Hno. Pascual Piles OH