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Solemnidad de Nuestra Señora del Patrocinio sobre la Orden Hospitalaria

Orden | Noviembre 2016

Compartimos con todos la Carta circular que envía nuestro Superior General, Hno. Jesús Etayo O.H. desde Roma, como saludo por esta Solemnidad y celebración importante dentro del Calendario de la Orden Hospitalaria en el mundo.

Solemnidad de Nuestra Señora del Patrocinio sobre la Orden Hospitalaria

Mis queridos Hermanos, Colaboradores y miembros de la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios,

El próximo día 19, tercer sábado del mes de noviembre, celebramos en la Orden la solemnidad del Patrocinio de Santa María Vírgen sobre la Orden Hospitalaria, Patrona de nuestra Familia Hospitalaria de San Juan de Dios. Se trata de la fiesta de la Vírgen más importante para nosotros y con este motivo deseo felicitaros e invitaros a celebrarla con alegría y con la debida preparación.

La llamamos también desde el Capítulo General Extraordinario de 2009, celebrado en Guadalajara (México) la Reina de la Hospitalidad. Efectivamente desde San Juan de Dios, nuestro Fundador,  la Orden ha experimentado su presencia y su protección de forma permanente, guiando y acompañando la vida y la misión que los Hermanos y Colaboradores han extendido a lo largo de los cinco continentes.

También en la actualidad sentimos a Nuestra Madre del Patrocinio viviendo en medio de nosotros y de la hospitalidad que nuestra Familia sigue realizando en todo el mundo. Durante el año que ahora concluye diversos han sido los momentos y los acontecimientos más significativos en los que hemos contado con la protección de la siempre entera, como la llamaba San Juan de Dios. Hemos realizado las Conferencias Regionales, diversas Visitas Canónicas Generales, la conclusión del año de la vocación a la Hospitalidad con un encuentro de formadores de toda la Orden y últimamente la Asamblea de Superiores Provinciales, además de otros encuentros y reuniónes a nivel general. Cada Provincia ha seguido igualmente su propia dinámica, con diversos eventos y acciones, todas dirigidas a fomentar la hospitalidad evangélica, al servicio de los enfermos, pobres y necesitados.

Como vengo diciendo desde hace algún tiempo uno de los temas centrales que seguimos impulsando en toda la Orden es la necesidad de discernir acerca del futuro de nuestra Institución. Las evidencias son cada vez más claras y necesitamos vislumbrar el proyecto de Orden que el Espíritu del Señor nos pide hoy. No se trata solo de maquillar la situación, sino de hacer cambios profundos, primeramente en el proyecto de vida de los Hermanos: ¿Qué vida consagrada cómo Hermanos estamos llamados a vivir?. Hemos de superar la apatía y hemos de ser audaces para dar nuevas respuestas, que nos sitúen cerca de los enfermos y de los que sufren. También las estructuras deben ser revisadas en su momento. ¿Hasta cuándo podremos seguir animando en las condiciones actuales, todas las Obras Apostólicas que la Institución tiene?. Hay muchas preguntas que esperan respuestas valientes y generosas por nuestra parte, pero que exigen primero la conciencia de querer entrar en ese, a mi modo de ver, necesario e imprescindible discernimiento.

En todo y especialmente en este proceso, Nuestra Madre del Patrocinio también nos viene acompañando y sosteniendo. A ella le invocamos para que ilumine nuestra vida y para realice con nosotros el camino, como lo hizo con la primera comunidad apostólica, con la que compartía la vida y la oración (Cf. He. 1,14).

El dia siguiente, 20 de noviembre, se clausurará el Año Jubilar de la Misericordia, en la fiesta de Cristo, Rey del Universo. Por eso este año es también importante hacer referencia a Nuestra Madre, como Madre de la Misericordia y como Madre del Consuelo. Ella experimentó la misericordia y el consuelo en su propia vida, cuando fue agraciada por el amor infinito de Dios. Del Cristo Misericordioso aprendió e integró en su ser la Misericordia y el Consuelo de Dios.  Ella, Madre de los creyentes, es especialmente misericordiosa con sus hijos más necesitados, por quienes implora e intercede ante Dios. Ella nos enseña a todos a ser misericordiosos, porque todos somos sus hijos y por tanto hermanos, porque todos somos necesitados de misericordia y nadie tiene el derecho de no serlo con sus hermanos.

Ella aprendió al pie de la cruz a consolar a su Hijo cuando perdía la vida (Cf Jn 19,25). Ella sigue presente siempre al pie de la cruz de todos sus hijos que sufren: enfermos, pobres y necesitados. A todos ofrece su presencia, su protección y su consuelo. Por eso especialmente en la fiesta de Nuestra Madre del Patrocinio pedimos para que siga tendiendo su mano sobre las personas que sufren y sus familias, especialmente que siga estando al pie de la cruz de los enfermos, de los emigrantes, de los refugiados, de las personas abandonadas, de las víctimas de la guerra y de la violencia... que a nadie le falte la mano consoladora y misericordiosa de Nuestra Madre. Ojalá toda nuestra Familia Hospitalaria de San Juan de Dios aprendamos de ella a ser misericordiosos y consoladores de quienes encontramos sufriendo en el camino de nuestra vida.
          
Deseo para todos, en mi nombre y en el de toda la Curia General, una feliz celebración de la solemnidad de Nuestra Señora del Patrocinio y le pido que bendiga a nuestra querida Orden y a todos los que formamos la Familia Hospitalaria de San Juan de Dios.

Un abrazo fraterno 
 
Hno. Jesús Etayo
Superior General